El Patito Feo

El Patito Feo

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Capítulo 1: El huevo cabezota

Érase una vez, en el corazón del campo, en un precioso día de verano. El trigo estaba dorado, la avena verde y, junto al agua, una Mamá Pata estaba sentada en su nido. Llevaba allí sentada muchísimo tiempo. Uno a uno, los huevos empezaron a romperse. ¡Pío! ¡Pío! Asomaron unas cabecitas amarillas. —¡Cuac! ¡Cuac! —dijo Mamá Pata, y todos los patitos contemplaron el gran mundo verde. Pero quedaba un huevo. Era muy grande y no hacía ningún ruido. Una pata anciana vino de visita y miró el nido. —¡Ese es un huevo de pavo! —le advirtió—. Déjalo y vete a enseñar a los demás a nadar. Mamá Pata miró el huevo grande. —No, ya que he esperado tanto —dijo—, esperaré un poquito más. De repente, el huevo grande se tambaleó un poco. ¡Crac! Se desprendió un trozo de cáscara.
Did you know?
Los polluelos, como los patitos, tienen un «diente de huevo» especial en el pico que les ayuda a romper el cascarón cuando llega el momento de nacer.